Esta filosofía se basa en el amor por el balón. En el “jogo bonito”, el “tiki-taka” o como quieras llamarlo. El aficionado culé no se conforma con ganar. Además quiere disfrutar con los partidos. Esta forma de entender el fútbol fue puesta en práctica por primera vez por Johan Cruyff y, unas veces con mayor acierto que otras, ha sido desde entonces la seña de identidad del F.C. Barcelona; empezando por la cantera, que desde la más tierna infancia enseña esta forma de jugar a los chavales. De ahí que salgan tantos buenos mediocentros creativos.
Es juego al primer toque, movimiento rápido del balón y, sobretodo, mucha movilidad. Todo debe funcionar como un reloj. De nada sirve tener un Xavi o un Iniesta si el resto del equipo está estático. Es como un gran rondo que marea y desquicia al contrario. Una filosofía de juego que además es muy efectiva a la vista de la gran cantidad de ocasiones de gol que generan por partido, si bien no es nada fácil de llevar a cabo. Hay equipos que deciden “tener balón” y equipos que prefieren especular y salir a la contra. Pero nadie mima tanto el esférico como lo hace el Barça de Guardiola.

Xavi e Iniesta (Fuente: Masconazo)
Para mí, este no es un nuevo Barça; es el mismo que aquel liderado por Ronaldinho, que Frank Rijkaard llevó a jugar casi tan bien como juega ahora. La lástima fue que, tras su mejor año, en el cual hizo doblete ganando Liga y Champions League, se durmió en los laureles y pasó dos años seguidos sin títulos. La prensa, tan exagerada y “vendeperiódicos” como siempre, habló de “fin de ciclo”, “crisis”, etc; poco menos que el fin del mundo. El resultado: la salida de Rijkaard y dos pesos pesados (Ronaldinho y Deco). Pero no se desmanteló el equipo y ahora están prácticamente los mismos jugadores. Solo hacía falta un estímulo. Y Guardiola lo ha hecho más que bien, pero no hay que olvidar ni dejar de reconocer el trabajo de Rijkaard. No solo por lo que consiguió en su etapa en cuanto a juego y títulos sino porque Guardiola a heredado su trabajo. Varios años jugando y entrenando de este modo conlleva el aprendizaje de una serie de automatismos. Una experiencia de primer nivel para la plantilla que ahora dirige Guardiola.
Juego ofensivo
Da igual quien sea el rival; da igual qué se estén jugando; da igual quienes salgan al terreno de juego; da igual si están en el minuto 1 o en el 90; da igual si van perdiendo 5-0 o van ganando 5-0; da igual si llueve o hace sol… siempre, SIEMPRE salen a jugar. Se hacen con el balón y lo mueven sin especular con él. Nada de perder el tiempo con pases horizontales. Buscan la portería y buscan dominar el encuentro, no solo en cuanto a posesión, sino en cuanto a ocasiones de gol (normalmente generan más de 20 ocasiones de gol por partido, que se dice pronto) y en cuanto a iniciativa; haciendo que el partido vaya por donde ellos quieran que vaya. Lo importante es ser fieles a su estilo y filosofía de juego. Es difícil pararles porque si les intentas jugar te machacan y si tratas de especular “poniendo el autobús delante de la portería” sabes que antes o después terminan abriendo la lata y, tras el primer gol, viene el saco (por aquello de que al ir perdiendo, el rival debe cambiar su estrategia, abrirse e intentar jugar). Como dice el Chiquito de la Calzada: “al ataquerlllll”.
Presión asfixiante
No solo atacan (máximo goleador con 158 goles => 105 en Liga, 17 en Copa y 36 en Champions) sino que defienden (equipo menos goleado con 35 goles encajados en Liga) empezando por el mismo Eto’o. Cuantas veces he escuchado aquella tontería de “es que se dejan ganar contra el Barça” o “es que los rivales del Barça nunca juegan bien”. Lo que pasa es que el equipo de la ciudad condal “mata” a sus rivales. Si un equipo monopoliza el balón, el otro se tiene que limitar a perseguir sombras como le ocurrió incluso al todopoderoso Manchester United en una de las finales de Champions más esperadas o como le pasó al Real Madrid. No es que el otro equipo no juegue, es que no le dejan jugar.

Samuel Eto'o, un delantero que defiende (Fuente: Punto y aparte)
Cuando el rival tiene el balón, rápidamente acuden todos, defensas, centrocampistas y delanteros, a presionar. El resultado: recuperación del esférico en apenas unos pocos segundos. Y a parte de esa presión tan importante, ¿qué mejor defensa que tener tú el balón?
Transiciones rápidas
Si unimos lo expuesto en los dos apartados anteriores (“juego ofensivo” y “presión asfixiante”) tenemos un equipo en el que defienden y atacan todos, lo cual, combinado con posesiones largas de balón, nos da como resultado un cocktail explosivo. No obstante, hay un problema con los equipos que dominan el cuero y que atacan constantemente: los contraataques de sus adversarios. Esto queda solucionado con unas rápidas transiciones ataque-defensa y viceversa. Es decir, que todo el equipo cambia rápidamente el chip de atacar a defender y de defender a atacar.
Si bien no es imposible, no es nada fácil pillarles en una contra. Suelen recuperar el balón muy rápidamente. Y no solo eso, sino que cuando los jugadores de la ciudad condal roban un balón en el centro del campo, suelen ser letales con sus veloces contraataques a base de pases al primer toque, trazados casi con escuadra y cartabón.
Todo esto se consigue con transiciones rápidas; algo en lo que Guardiola insiste mucho. Todos los jugadores saben que hay momentos en los que hay que atacar y momentos en los que hay defender. No importa si es el delantero centro o un central. Todos trabajan para el equipo tanto en labores ofensivas como defensivas. Dos muestras personificadas de esto son Eto’o y Piqué: un delantero que presiona al rival como nadie y un defensa con una técnica exquisita al que se le da muy bien atacar.

Deja un comentario